Queridos amigos:

 

Me permito latearlos con el libelo que sigue, el cual, confío, además de latearlos, provocará en al menos alguno de Uds.un irrefrenable impulso por contestar tanta paparruchada junta.

El mismo es parte de una carta de ¡agradecimiento! dirigida al pobre Miguel Lawner, quién estará obligado a leer todo, a raiz de las generosas indicaciones que nos hizo con ocasión de un reciente viaje a México, vía Cuba, con mis niños.

 

Bueno, ahí va la cosa:

 

Mi percepción global - confirmada de un primer viaje hace dos años- es que este poderoso pueblo de México quizás en pocos años termine de realizar la venganza del indio rebelde Cuauhtémoc, es decir, su triunfo definitivo sobre el invasor.

No ya el invasor español, solamente, que es seguro que este país superará dentro de muy poco el poderío de España, practicamente en todos los ámbitos.

Se trata, esta vez, nada menos, que el triunfo sobre el invasor anglosajón instalado más al norte del continente y que aniquiló, recién, hace menos de un siglo y medio, a los hermanos de Cuauhtémoc que hasta entonces allí vivían. A aquellos que circulaban libres todavía por las anchas praderas del oeste norteamericano y también a quiénes poblaban las misiones y haciendas Mexicanas que cubrían lo que son hoy los estadounidenses estados de Texas, Arizona, Nuevo México y California, si no se me escapa alguno. De paso ¡que manera de ocultarnos todavía los gringos la historia de la segunda parte de este tremendo despojo! Si hasta cuesta darse cuenta que no son los campesinos y bares mexicanos quiénes lucen sombreros, monturas y puertas batientes de estilo cowboy, sino que la cosa es precisamente al revés.

Se trata, como ves, de una tesis completamente exagerada, propia en verdad de las hipérbole de los enamorados, como yo quedé de aquel hermoso país. Pero voy a intentar la adicional locura de demostrarla:

  1. Desde luego dejemos sentado el hecho obvio que se trata, básicamente, del mismo pueblo de Cuauhtémoc: "60% Mestizo (Spanish-Indian), 30% Amerindian or predominantly Amerindian, 9% white or predominantly white, 1% other", según la CIA. (Según la misma fuente, en Chile somos: 95% European and European-Indian, 3% Indian, 2% other y en Argentina: 85% white, 15% mestizo, Indian, or other nonwhite groups).
    En segundo lugar que se trata de un país grande, con sus noventa millones de habitantes.
  2. Es necesario dejar establecido también, pudorosamente, el hecho que uno, viajero, puede permitirse mirar al México de hoy desde una distancia sideral y sinverguenza, desde la cual, por ejemplo, la tremenda Crisis Nacional (con todas las de la Leninista Ley) en la que se encuentra sumido hasta el cogote por estos días no constituye sino la feliz contractura final del parto de la modernidad capitalista en esta tierra. Hay que decir esto en beneficio de un poquito de comprensión hacia este punto de vista de parte de la rica, cultivada y brillante intelectualidad de izquierda Mexicana, que ciertamente vive estos momentos con un dramatismo mucho mayor y horizontes menos optimistas. Dejo constancia, de paso, que a dicha intelectualidad recién tengo la suerte de descubrirla por intermedio de su Hada Madrina oficial, Neus Esperate, no por casualidad Catalana Republicana acogida por la Revolución Mexicana, Jefa de Editorial ERA y suegra primera de mi amigo Patricio Rivas, el mismo que, farfullando entredientes su negra envidia por el insólito reconocimiento a este modesto autor de Jacobinos (¡que tiene éste que no tenga yo...!), tuvo la singular generosidad de presentarme.
  3. Por otra parte, veamos el México de hoy inspirados por los Jacobinos y aceptemos (aunque sea por un rato) que vivimos atónitos, en estos años, el hecho histórico más inconmesurable de todos los tiempos: ¡finalmente! el atropellado trasponer de las puertas de la modernidad por parte del 90% de la humanidad. O, lo que es más o menos lo mismo, el marchar tal como lo han hecho doscientos mil Chilenos o cien millones de Chinos en el curso de los últimos cinco años, dejando finalmente atrás el campo y sus viejas relaciones sociales de todo tipo para caer de hocico en brazos del discretísimo encanto de la modernidad liberal del capital.
    En dicho tránsito México partió primero que nadie en este siglo -en América Latina y en el mundo entero- con su exitosa revolución antilatifundista de 1910-1917 y su segunda apretada de tuerca Cardenista -que incluyó quitarles el petróleo a los yanquis- de los años treinta. Los mexicanos habían hecho así hacia los años 40 lo que en Chile recién terminó de hacer el Gobierno del Presidente Allende, treinta años más tarde. Y ello no pasó en vano.
  4. Si lo anterior es efectivo, entonces la potencia inimaginable de la ley capitalista del desarrollo desigual, actuando esta vez y con viento a favor sobre cuatro mil quinientos millones de nuevos proletarios de los países atrasados, versus los quinientos millones de ídem de los países desarrollados, simplemente trastocará todo el cuadro de posiciones relativas de las potencias económicas de las maneras más alambicadas.
    No será raro para nada que la verguenza que los hindúes harán pasar muy pronto a sus antiguos amos ingleses hará palidecer o más bien ennegrecer el tímido rubor que sufrieron los mismos ingleses cuando sus sobrinos de las ex colonias estadounidenses relegaron de un viaje durante este siglo a la potencia imperial del XIX al discreto sitial de potencia de segundo orden que con cierta dignidad mantienen por ahora.
    El desarrollo desigual actuará también, en consecuencia, sin duda alguna y a concho entre la norteamérica imperial y sus poderosísimos vecinos del sur, a medida que las relaciones sociales (y políticas y etc.) culminen allí el aceleradísimo tránsito a la modernidad en que están embarcadas.
    Entonces, decenas de millones de ciudadanos cultos y libres, indios, Mexicanos hijos de su revolución y sus etapas posteriores, irán terminando de reocupar territorios ancestrales, los sus antiguos y también aquellos de su primo Gerónimo, en sus camionetas 4X4, con los parlantes a todo trapo y con las botas de cocodrilo bién puestas.
    ¡Que país más rico, en naturaleza por cierto, pero sobre todo en trabajo humano! ¡Si en México cada baldosa, cada pirámide, cada dulce, cada plato, cada catedral, así como cada programa de SW o supercarretera, chorrea capas, capas y más capas de fina y laboriosa artesanía e industria!
    Probablemente por poco tiempo más les será dable mantener esa humildad tan característica que tienen a fuerza de mirar hacia el norte y que los hace, a este pueblo, tan simpático para nosotros, mínimos gatos del sur.
  5. Este asunto de la ley del desarrollo desigual es un fenómeno de importancia crucial, especialmente en este período histórico. Sin comprenderlo y valorarlo en su debida magnitud, a mi juicio, no se puede entender abolutamente nada de lo que está ocurriendo hoy día en el mundo.
    Me ha llamado la atención, por ejemplo, que en más de un análisis de europeos de izquierda acerca de lo que ocurre en Europa, este fenómeno del desarrollo desigual ni siquiera se menciona. No ocurre así, en cambio, con los análisis acerca del estado del mundo que efectúan las principales publicaciones burguesas (Economist, Businessweek, etc.), donde este fenómeno se ubica en el lugar central. Sus conclusiones: la transformación actual del mundo no tiene precedentes, su base es la llegada al mercado del trabajo y consumo capitalistas de miles de millones de nuevos ciudadanos, libres de ataduras agrarias e ignorancia; ello, unido a la revolución de las comunicaciones, trastocará de una manera inimaginada la producción y los mercados, aumentará de manera increíble el valor producido en el mundo y las ganancias del capital, el que correrá a ordeñar esta gallina de millones de huevos de oro. Los obreros de los países desarrollados, en cambio, no podrán seguir viviendo como hasta ahora, relativamente hablando. Es un escenario, para esos analistas, telúrico, desbordante de oportunidades y plagado de peligros.
    Desde luego, para cualquier Chileno que haya viajado a Uruguay o Argentina hace 25 años y nuevamente ahora, la potencia de la ley del desarrollo desigual es algo que se le aparece con una contundencia abrumadora. Ahí se puede apreciar en forma evidente como -al trastocarse sus relaciones sociales- un país puede transformarse de arriba abajo de una forma radical, mientras otros que son sus vecinos se mantienen, relativamente, más o menos igual.
    Al parecer esta ley opera, de alguna manera, atendiendo aquel adagio que dice las relaciones sociales -al igual que los jefes, las empresas y tantas otras cosas- cuando funcionan, bien tienden a permanecer más allá de su tiempo y las que funcinan muy bien, mucho más allá de su tiempo.
    Es así que países que adquieren un mayor nivel de desarrollo relativo en un momento dado, precísamente porque fueron capaces de generar relaciones sociales más avanzadas antes que otros, tienden posteriormente a anquilosarse en ellas, mientras que los que recién vienen estableciendo relaciones sociales más avanzadas, de pronto son capaces de saltar adelante y sobrepasar a los primeros. Ello puede ocurrir, entre otras cosas, porque cuando cambian sus relaciones sociales de producción y son capaces de utilizar las relaciones técnicas de la etapa siguiente, toman de estas últimas las que están en punta. En fin, podríamos dar la lata indefinidamente con este temita.
  6. Por cierto que, siendo México un país tan grande, la cosa no pudo ser por parejo, aunque su revolución fue la más primera, la más guerreada y política y culturalmente, una de las más radicales.
    Fue así, por ejemplo, que la guerrilla de los "mapaches", que así se llamaban una suerte de montoneros del rey que, en este caso de los finqueros, que en la región de Chiapas, lograron enfrentarse con éxito al gobierno revolucionario y en 1920, consiguieron finalmente un armisticio con el gobierno de Obregón, mediante el cual lograron perpetuar en la región el viejo latifundio -hasta muy recientemente 44 familias eran dueñas del Chiapas no ejidatario y la mayoría de la población vive aún, allí, en el campo- y toda la sarta de viejas relaciones agrarias.
    Estas se desarrollaron allí todavía por casi un siglo, en muy buena armonía, por cierto, con las relaciones precapitalistas -incluso esclavistas por endeudamiento, según Marx- de los enclaves chocolateros, chicleros y cafetaleros del capital extranjero ¡principalmente alemán! que desde fines del siglo pasado se extendieron por la costa Pacífica de Chiapas.
    De esta manera, el desarrollo social de la tropical panza sur de México se parece mucho más a las vecinas Guatemala, Nicaragua, Honduras o El Salvador y no es nada de extraño que la hoy rediviva guerrilla Zapatista -hermana de sangre de las gloriosas y eficaces demás guerrillas centroamericanas de estos años- sea quién aparezca en escena para poner un Jacobino ¡basta! a una situación que claramente no da para más.
  7. Lo notable es que dicho levantamiento popular, zapatista y jacobino coincide, en el surrealismo de nuestra época, con la crisis terminal del segundo imperio de la burocracia Mexicana.
    Por lo mismo la muy campesina rebelión chiapaneca genera toda suerte de carambolas políticas internas -quizás de insospechada proyección nacional- al mismo tiempo que alienta las más enfervorizadas pasiones, bellas, puras, frescas y revolucionarias en la joven generación y el apoyo decidido de todas las fuerzas progresistas.
    No deja, por otra parte, de despertar uno que otro ilusionismo en aquellas regiones nostálgicas - más bien amplias y resblandecidas de puro cansadas- de nuestra mentalidad de izquierda sesentista, al mismo tiempo que revuelven la codicia de toda la caterva de mínimos veteranos de todos los pelajes del oportunismo ideológico y político de la izquierda.
  8. Pero todas las reflexiones anteriores, imágenes más, imágenes menos, en verdad no son más que repeticiones de impresiones anteriormente elucubradas. La impresión peculiar y nueva para mí, de este viaje -que, recuerdas, abarcó Cuba, además de México- se refiere a la BUROCRACIA.
    Compré en México, junto a muchísimos otros libros en esas librerías sensacionales que también reflejan la tremenda herencia cultural que la temprana revolución dejó a este pueblo, "La Francia De Napoleón", de Souboul, al igual como hace un par de años tuve la suerte de encontrarme con "La Revolución Francesa", del mismo autor. De esta manera voy a empezar a preparar "Los Jacobinos II" (nunca segundas partes fueron...), es decir, "El Bonapartismo", para tener material con el cual hincharle las pelotas a mi mujer y a mis amigos durante algún tiempo.
    En Cuba, ya te cuento en otra nota, ridícula y circunstacialmente escrita en inglés y que adjunto, me impactó percibir por vez primera, por entremedio los vapores del discurso comunista, la silueta de esta clase, capa o lo que sea. Pero como se llame, el animal estaba allí, sentado al otro lado de la mesa, respetable, poderoso, experimentado, endurecido, malo, patriota e ilustrado, trasluciéndose, como una segunda naturaleza, por todos los poros del honrado funcionario que gentilmente nos atendía. Absolutamente conciente de su calidad de propietario en el ocaso de su tiempo, cuando ya aquella propiedad, otrora palanca del progreso de su patria y bienestar de su pueblo, se ha transformado irremisiblemente en una tranca en su camino.
    Después de pasar por Cuba y por México, viniendo de la experiencia de Chile, es imposible no quedar en cierta forma fascinado, ahora, con esta fase larga y obscura - suerte de edad media- de las transiciones a la modernidad. Fase necesaria no se todavía por que, pero sin duda recurrente en todas las transiciones bajo diferentes formas, en todas las cuales la burocracia civil y militar, de una u otra manera usurpa el poder, a las agotadas clases en pugna, según Marx y las emprende con la consolidación despótica de los logros esenciales de la Revolución, muchas veces en su nombre, pero también otras veces, como en Chile, renegándo de ella como del mismo infierno.
  9. Siempre, en todas estas experiencias, incluso en el improbabilísimo caso Chileno, la burocracia usurpante establece algún tipo de alianza con los campesinos (en términos más amplios, con los productores mercantiles simples o pequeño-burguesía, del campo y la ciudad) y actúa de alguna forma consolidando la liquidación que la previa fase revolucionaria popular y Jacobina ha realizado -por benévola e indemnizatoria que sea esta consolidación, como en Chile- de los viejos latifundistas (e inquilinos).
    La burocracia en el poder también pacta en muchos casos con la naciente clase obrera y otras capas populares. Ello ciertamente no ocurre en Chile, donde el Pinochetismo opera explícitamente en contra de estos sectores, pero sí se dá en la mayoría de las demás experiencias. Ciertamente esta alianza es importante en el caso de los bonapartismos socialistas reales, donde incluso la ideología oficial hace aparecer al gobierno despótico de la burocracia como la dictadura democrática de los obreros, cuyo carácter, cuantía y virtudes se exageran, junto a las del dictador, hasta la exégesis total.
    Finalmente, en la mayoría de los casos, la burocracia actúa en alianza con la naciente burguesía. De hecho esta última alianza -unida al indudable destino histórico de abrir paso al gobierno directo de la burguesía que TODAS las dictaduras de la burocracia durante la transición a la modernidad terminaron teniendo- lleva a confundir la dictadura de la burocracia con la dictadura directa de la burguesía. En el caso chileno, por ejemplo, para muchos no será aceptable la diferenciación entre la burguesía, que además siempre ocupó importantes cargos de gobierno, con la dictadura de Pinochet y Cía.
    En el caso clásico, del bonapartismo de Bonaparte mismísimamente tal, todas estas alianzas están presentes, en mayor o menor medida. Ciertamente todas las alianzas están también presentes en la dictablanda de la duraderísima burocracia Mexicana, así como también en las dictaduras burocráticas que sucedieron a las jacobinas revoluciones campesinas y de liberación nacional en el Medio Oriente, entre otras.
  10. En los casos de Rusia y Cuba, así como en muchos otros países durante este siglo, , por circunstancias puramente históricas, relacionadas con la reaccionaria y antipatriótica actitud política y militar asumida allí por la burguesía y por lo demás también, muchas veces, por la Iglesia Católica (lo que allí les ocurrió se lo tenían de sobra merecido) durante la revolución antilatifundista (y simultáneamente de liberación nacional en muchos casos) obliga a la burocracia a asumir allí el poder prescindiendo completamente de dicha fuerza social. Aún más, la burocracia se ve forzada a ejercer su usurpación en contra y en guerra permanente contra la burguesía, clase que desaparece (emigra) casi por completo o simplemente por completo, durante varias décadas, en esos países.
    En este tremendo hecho real, más allá de toda mistificación ideológica, radica la persistencia de la gigantesca ilusión óptica que, a todo el mundo durante casi todo el siglo XX -y aún ahora para algunos- hizo aparecer a dichos bonapartismos de izquierda como la encarnación de la futura sociedad de trabajadores libres (aunque no todavía del fetichismo de la mercancía, probablemente) que sucederá, inevitablemente, hacia adelante, a la moderna sociedad burguesa que recién termina de extenderse -en cuanto a modo de producción- por todo el orbe. Sólo el contemporáneo milagro de la transubstanciación de la burocracia comunista en burguesía hecha y derecha, en los principales países del socialismo real, ha puesto en evidencia esta increíble jugarreta de la historia.
  11. Visitar México viniendo de Cuba, viniendo de Chile, inevitablemente tienta -como todas las tentaciones, ésta también conduce a pecado, puesto que este tipo de comparaciones históricas resulta a la larga bien sin destino- de algún modo, a ponderar cual es la "ideal" - en el sentido de la menos dolorosa para el pueblo y la más eficaz para el desarrollo social- combinación de alianzas, para la "edad media" o "era obscura", este tiempo maldito de, al parecer necesaria, usurpación burocrática del poder durante el tránsito a la modernidad.
    Lo primero que a los chilenos queda absolutamente claro - y sería muy bueno que esta duda se les despejara a todos esos pendejos y atorrantes (expresión que en Chile se deriva del apodo de los vagabundos que dormían en el interior de las tuberías francesas marca A.Torrants mientras éstos descansaban en las calles en espera de ser utilizados en la construcción de las alcantarillas de la ciudad) que en la política de Rusia o la delincuencia de Habana vieja sueñan para sus países con una culminación Zhirinovista-Pinochetista de la dictadura burocrática- la peor de todas las alternativas de usurpación burocrática del poder durante la transición a la modernidad, es la Chilena.
    Es decir, la variante en la cual la dictadura burocrática se instala como contrarrevolución que aplasta a los protagonistas del período Jacobino previo y en la cual se establece una alianza casi exclusiva entre el militarismo fascista triunfante y la burguesía revanchista. Lo nefasto de esta variante perversa debería ser evidente, al menos, desde el punto de vista del sufrimiento de la gente. También en lo relacionado brutalidad de la represión e incluso con la eficacia modernizadora de dicha versión de dictadura burocrática.
    Es en verdad lamentable, sin embargo, que la discusión al respecto no esté completamente zanjada, desde el punto de vista histórico. Es verdad que ello, en parte, podemos achacarlo al terrible prontuario de brutalidad mujik, del Stalinismo del mismísimo Stalin. Sin embargo, pareciera que en verdad se trata de una tarea permanentemente pendiente de todos los antifacistas, esto de el luchar contra el fascismo - a la más de los años treinta.
    Solamente quisiera consignar al respecto, acá, que la tan cacareada eficacia modernizadora de la dictadura Pinochetista en Chile -que por cierto se asienta principalmente y de lo más cómoda y sólidamente en la Reforma Agraria y la Nacionalización del Cobre realizados por el muy Jacobino y comunista Gobierno de Allende- es muy discutible.
    De hecho, las dificultades de la transición actual, radicadas principalmente en la no extirpación radical de las perversiones revanchistas del Pinochetismo, se están traduciendo en trancas muy reales precísamente al subsecuente avance de la modernización en el país. en este último sentido,
    En todo caso, en esto de los gobiernos de la burocracia como en otras cosas, a la larga, al parecer, lo clásico -en su esencia de alianza mixta- resulta en definitiva lo menos malo. Es lo que un chileno que visita México, viniendo de Cuba, pudiera concluir.
  12. Hay un último aspecto, en esta ya muy latera carta, que quisiera mencionar. Se refiere al "costo" de la alianza de las burocracia con los campesinos. Posiblemente resulta ser el talón de Aquiles que al final termina con el Bonapartismo mismo.
    En el caso de parte de la Europa no Inglesa, desde luego, pudiera decirse que parte de dicho costo aún lo están pagando en cierta forma los muy burgueses gobiernos herederos del Bonapartismo de Napoleón y dice relación, entre otras cosas, con los gigantescos subsidios que se siguen pagando a los campesinos en dichos países, los cuales, relativamente, mantienen una . En Rusia, es posible que el "costo" de dicha alianza se haya expresado en la persistencia de un amplísimo sector cooperativo en el campo, que posiblemente contribuyó a mantener allí a una muy elevada proporción de la población, la que recién ahora está abandonando masivamente ese tipo de relaciones sociales.
    En México, dicho "costo" se traduce en la mantención de los ejidos y otras formas de propiedad no capitalista. En efecto, hasta ahora, a pesar de la revolución o más bién debido precisamente al carácter de ésta, alrededor de un 25% de la fuerza de trabajo permanece en el campo (según la CIA, nuevamente), mientras en Chile, por ejemplo, esta proporción se ha reducido a un 15% y en los países desarrollados no supera el 5%.
    Obviamente, el hablar de "costo" es otra sinverguenzura, puesto que, aunque no permita el desarrollo tan acelerado del capitalismo en el campo, es seguro que para los campesinos mismos el mantenerse como ejidatarios por un largo tiempo es una alternativa mucho mejor que sufrir los rigores de la acumulación originaria, de la cual, sin embargo, a la larga, terminan por no escapar de ninguna manera. Para lo campesinos, en todo caso, el asunto parece ser claro. Sin ir más lejos, Marcos dice que hasta antes de la reforma de Salinas de Gortari, que permite vender los ejidos, ellos eran cientos y que luego de dicha reforma fueron miles.
    Imaginemos, sólo por un instante, que en Chile hubiese ganado la política de Dn. Orlando Millas y que Allende hubiera estado dispuesto a ser, como otros, sucesivamente, Robespierre, Sieyes y Bonaparte.
    En ese caso, es posible que los asentamientos de la Reforma Agraria hubieran permitido mantener en el campo durante mucho más tiempo, a una proporción de Chilenos mucho mayor, que el desbande que produjo la política de liquidación de los mismos, por parte de Pinochet. Es probable que en dicha forma el capitalismo en el agro chileno -y en el país en su conjunto- se hubiera desarrollado algo más lentamente. A lo mejor el valle de Casablanca todavía seguiría siendo el rulo secano que era, en lugar de el vergel viñatero que es hoy. Probablemente no seríamos jaguares todavía y nos pareceríamos un poco más a Cuba que a Singapur.
    Pero, por otra parte, basta apreciar por un instante la dignidad de los Cubanos y compararla con el temor de los Chilenos, para darse cuenta que dicha vía - porque a la larga vías son y Cuba bien pronto va a ser un tremendo felino de mercado, ojalá que independiente y con Fidel arriba- hubiera sido para Chile y su pueblo un mejor camino a un mejor destino.

Pero que se le va a hacer. Las cosas fueron como fueron. Lo que hicimos bien hecho estuvo, aunque pudo ser mejor. Ahora tenemos que hacer lo que el tiempo requiere de nosotros y sobretodo, ser capaces de prefigurar y construir el nuevo y mejor tiempo que inevitablemente tendrá que venir.

Te saluda con un abrazo,

Manuel

 

Puebla , México, Varadero, San Jerónimo, Santiago Febrero 1996.