Carabineros de Chile

Comisaría de Casablanca

Lunes 3 de Noviembre de 1997

 

A: Sr. Mariano Aguirre

De: Cabo 2º Carlos Ugalde, Comisaría de Casablanca

Referente: Remite escritos

 

El infraescrito, en cumplimiento de lo ordenado por mi Sargento 1º Humberto Canales, remite a Usía. los escritos que acompaña, que fueran abandonados junto a una maleta vieja y destartalada, bajo una mesa del bar "El Cielo", ubicado en la plaza del pueblo de Casablanca, en la medianoche del día domingo 2 de Noviembre de 1997.

Como el destinatario podrá comprobar, su nombre y dirección aparecen escritos, junto a la frase "Enano Culiao...", en una servilleta manchada con vino, encontrada también en el lugar de los hechos, la que también se acompaña.

Lo anterior corresponde a las únicas referencias encontradas en la maleta en cuestión, aparte del nombre grabado bajo la manilla de la misma, que reza "Ahmed Samir Bey", nombre, al parecer, del desconocido propietario de la maleta y posiblemente autor de los escritos en referencia. Las investigaciones realizadas por esta unidad han concluido que, posiblemente, el susodicho Ahmed Bey pudiese corresponder a uno de los dos árabes que se mencionan en el relato como participantes del vituperio allí descrito.

Interrogado el mesonero del bar, José Pérez, y los parroquianos habituales Rubén Bahamondez, conocido como "Mondito" y Enrique Pacheco, alias "El Negro Enrique", estos declararon haber visto sentado en esa mesa a un individuo que "parecía Turco", según sus declaraciones. El citado individuo habría bebido vino de regular calidad en forma copiosa e ininterrumpida, desde el anochecer del día Sábado 1 de noviembre hasta la medianoche del domingo 2 de Noviembre, mientras al parecer escribía el texto que se acompaña. A la hora señalada, se retiró del bar farfullando incoherencias, para luego desaparecer sin dejar rastros, abandonando en la mesa la maleta y los escritos en referencia.

En consideración a lo expuesto, mi Sargento H. Canales, jefe de la guardia de la Comisaría de Casablanca, ha dispuesto lo siguiente:

  1. Que los escritos que se acompañan, junto a la servilleta con su nombre y dirección, sean despachados al susodicho Mariano Aguirre.
  2. Que el restante contenido de la maleta, consistente en un par de calcetines de color amarillo, sucios, uno de ellos roto en el talón y el otro roto en la punta y un clip doblado, junto a la maleta misma, sean enviados al archivo de especies perdidas de la unidad.
  3. Cerrar la investigación, por el momento.

Firmado

Cabo 2º, Carlos Ugalde Manríquez

Comisaría de Casablanca

 

Capítulo CXVIII de las Aventuras de los Ingeniosos Hidalgos del 68

Donde se relata de como Don Manuel, "El Sarnoso", celebró su cumpleaños número 50

 

La Llegada De las Huestes de "El Sarnoso"

Como fuese su costumbre, el hidalgo pobre Don Manuel, apodado "El Sarnoso", invitó a la celebración de su onomástico a sus descendientes y Corte completa. Acompañaban en su castillo a El Sarnoso su bellísima hija, la Infanta Ximena y el pequeño Infante Santiago. El Infante Don Eugenio se encontraba a la sazón en pos de altas cumbres conquistar.

Es fama que las huestes del Sarnoso están compuestas principalmente–junto a las bellísimas damas y doncellas que los acompañan–por sabios, obispos, ermitaños, magos, visires, dos o tres comerciantes enriquecidos y numerosos caballeros.

Estos últimos, cuya edad con largueza sobrepasa de la medianía, aunque muestran en las abolladuras de sus yelmos las huellas de combates no siempre victoriosos, mantienen todavía cierta apostura y disposición batalladora y van siempre acompañados por sus fieles escuderos.

Las conversaciones de esta Corte versan en temas serios, principalmente asuntos de caballería. El tono que usan es moderado y no abusan de la bebida. En el comer no son parcos, sin embargo, hasta el punto que la Señora del Sarnoso, en uno de esos excesos verbales que se le conocen y que serían dables al origen social que se la imputa, los ha tildado alguna vez de "hambreados".

A temprana hora se hicieron presentes en el lugar Don Hugo, El Sabio, Don Miguel, el Obispo y Don Leonardo, el Justo, acompañados de sus noblísimas Señoras, Doña Cecilia–bellísima dama de alto taco, de quién se ha dicho que a veces indulge levemente en la maledicencia– Doña Rosa y Doña Ana. Los acompañaban doncellas e infantes de sus entornos y portaban finísimos presentes. Al poco llegó Don Miguel Angel, El Ermitaño, quién traía como presente un gran atado de ajos y otros espantamales. No transcurrió mucho tiempo antes de la llegada del visir cojo, quien portaba, junto al fino presente que nunca deja de llevar, las excusas del visir mayor de El Sarnoso, impedido en esta ocasión de asistir por encontrarse en medio de malévolas maquinaciones inventando principados y soberanías.

Los ricos mercaderes–que usan de la pluma no sólo para llevar sus cuentas–uno judío y otro medio moro, llegaron también al punto, acompañado el primero de un infante que calzaba un yelmo encantado y el segundo de su gentilísima esposa, Doña Cristina.

La llegada de los valientes caballeros de la mesa del Sarnoso no se hizo esperar, encabezados por Don GaloFelixmarte de Hircania, Don Rodrigo, "El Calvo" y su poderosa Señora, Doña Lili del Cuervo y Don Julio de la Vega, conocido como "El de Chile", acompañado de su discretísima Señora, quienes portaban para El Sarnoso el sabio presente de una lupa.

Tres caballeros, cuya valentía legendaria y disposición al combate no admite tregua ni respiro, llegaron al festín llenos de magulladuras por sus recientes combates, primero con la Bruja del Laguín y más recientemente con Doña Eugenia, "La Encantadora". Se les llama a estos nobles Don Martín, "El Arrejonado", Don Carlos, "El Galeno"–quién por pico de oro fuera más tarde por los demás encargado de presentar los parabienes a El Sarnoso–acompañados ambos de sus bellísimas Señoras y Don Jaime, "El Descalabrado".

A todos maravilló la llegada de Doña Estela, Reina de Ñuñoa, acompañada de su valiente caballero Consorte Don Daniel y el pequeño infante Martín. La apostura y belleza de esta dama, también de gran fama, como la otra de quién más abajo se habla, por sus batallas con El Usurpador, asesino del padre de sus otros Infantes, los de Parada.

Varios otros caballeros excusaron su asistencia por encontrarse a la sazón ocupados desfaciendo entuertos, defendiendo viudas y doncellas. Entre estos nada menos que Don Manuel, "El Mayor", apodado "El Periodista", Don Manuel, "El Menor", apodado también "El Valiente", Don Patricio "El Semita" y Don Harry, "El Rubio", conocidos como Los Cuatro de Mirarete. Faltaron también a la cita Roldán-Durán de Francia y el mismísimo Amadís-Arteaga de Gaula, el más noble de los nobles, espejo e inspiración de Don Quijote de la Mancha.

El joven Carlos Mordrérrez y su madre, Doña Eugenia, "La Encantadora", no se hicieron presentes por encontrarse a la sazón en guerra con El Sarnoso.

De allende los mares enviaron al celebrado Sarnoso sus saludos y respetos Marta de América, La Reina Sabia y caballeros famosos en todo el mundo, como Carranzín, de Cuba, Robin, de Inglaterra, Massardín de Francia y Monerete, de España, también apodado "El Guatón". Se debe aclarar que es este último oriundo de las Andalucías y no de las tierras de Castilla, aquellos legendarios peladeros desde donde alguna vez vinieron los antepasados de El Sarnoso y que vieran un día trajinar al sin par Don Quijote, espejo e inspiración eterna de toda la caballería.

En cuanto a los presentes y regalos, los caballeros poco o casi nada, como corresponde a tales gentilhombres, para quiénes no hay más ofrenda que su espada al servicio de una causa noble.

Cortos al escudero se veían esta vez los nobles caballeros. Ello se debía, sin duda, a tenerlos mandados los caballeros a sus fieles escuderos a otros lares a realizar diversos menesteres propios de tan noble oficio, tales como gobernar ínsulas conquistadas o, en los más de los casos, conseguir en sus terruños algunos fiambres y otras vituallas con que reponer alforjas medio vacías después de tantas aventuras y correrías junto a sus señores.

De señoríos aledaños a los del Sarnoso, se hicieron presentes el caballero Simón "El Escritor", acompañado de su gentilísima dama y portando un bello presente. A los postres llegó, directamente desde el campo de batalla, nada menos que la valiente Doña Carolina de Italia, acompañada de su noble Consorte e Infantes y trayendo un caballo de lata como presente para El Sarnoso. Presentaron sus excusas la Duquesa Doña Pía y Don Pepe su Consorte, así como Don Tomás, apodado "El Gruñón", que quedaron enredados en otras batallas de la misma guerra.

Todos los invitados de la Corte de El Sarnoso discurrían discretísimamente en historias de caballería, mientras libaban los generosos mostos y saboreaban las delicias de la olla podrida y muchos otros manjares que sin pausa les eran ofrecidos por El Sarnoso, sin mezquindar ninguno.

La Llegada de la Banda de Carmen La Gitana

Promediando la jornada, sintiose tras las lomas una gran algarabía. Al cabo de un rato apareció a lo lejos un destartalado palafrén de vistosos, aunque raídos tules y banderolas. Venía el palafrén acompañado de una tropa tan ruidosa y vocinglera como nunca antes se viera por esas tierras.

Era la Corte de la así llamada por sus huestes Adelaida de Rodenas, cuya alianza con El Sarnoso data de aquellos aciagos días del derrumbe del Templo. Fue tal la fuerza de esta alianza, que logró detener el avance de los infieles, al menos en estas tierras y desde entonces ha participado en cuanta guerras se haya gestado para echar a los invasores de vuelta al mar.

De la tal Adelaida, se dice que es la misma que fuera antes conocida como Carmen "La Gitana", oriunda del Cádiz antiguo. Esta gitana cobró fama años ha por todo el Reino, cuando enfrentó con valentía sin igual al malvado Usurpador, quién había asesinado al padre del retoño de La Gitana, conocido como Ger de La Michita. De la que hoy se hace llamar su Corte, se dice que era por entonces conocida como la Banda de Carmen La Gitana.

Venía la partida de la tal Carmen Adelaida precedida por Sergio, "El Pregonero" quien voceaba "Oíd!...Oíd!... Abrid paso!... Aquí viene la sin igual Adelaida de Rodenas!... No hay quién la iguale en belleza y poderío!".

Integraban la Banda de Carmen La Gitana dos bufones. El más ruidoso–si tal cosa fuese dable en un tropel tan destemplado–Jorgín, "El Panzón", no ejercía ya su natural de saltimbanqui debido a los efectos sus constantes y pantagruélicos excesos en comilonas y tomateras. Este rechoncho pequeñón no para mientes en ninguna circunstancia para incurrir en permanentes y destemplados desacatos de todo tipo y natural. Incluso tuvo la osadía, como se relata más adelante, de extender sus desatinos a la familia, el perro y aún el mismísima señorío de El Sarnoso. Sobraban pues razones para dar por muy justo al castigo–un año de suspensión de estas afamadas festividades–que El Sarnoso propinó al de la Panza, sentencia a la que sólo puede apelar la mismísima Carmen Adelaida, su Señora, mediante algún encantamiento. Jorgín, "El Panzón" cobró fama en tiempos pasados al enfrentar con singular locura a las hordas del Usurpador, en el vecino Reino de la Argentina. Su increíble habilidad para echarle mano al dinero, en oscuro oficio cuyo desempeño presenta como el de mercader, sólo es comparable a la infinita dispendiosidad con que siempre lo ha prodigado entre los suyos y a Carmen, La Gitana, a quién ha sacado de toda suerte de apuros.

El otro bufón de la partida de la de Cádiz era nada menos que el afamadísimo Canobrino, apodado "El Huérfano" o "El Huacho", de quién él mismo dice que carga un sable de proporciones descomunales, el mayor de los Reinos Centrales. La fama de ambos bufones es inmensa y sus aventuras sin cuento, la cual no hicieron sino confirmar, la una y sumar, a las otras, con sus desatinos durante el cumpleaños de El Sarnoso.

Cargaban el palafrén de Carmen Adelaida dos afamados parranderos, Carlitos, "El Hermoso" y Pepote, "El Pintor". Maravillábanse todos de como tales bellacos eran capaces de mantener en vilo a la de Cádiz, puesto que era de ver que, ya a esas tempranas horas y antes de oler siquiera las que luego serían sus copiosísimas libaciones de todos los elíxires y pajaretes ofrecidos por El Sarnoso, su paso no era firme y los bamboleos del palafrén constantes. Se cuenta que El Pintor al terminar la jornada daba una y otra vez con sus huesos por el suelo. Acompañaba a El Hermoso–quién a duras penas esquivaba el polvoriento destino de El Pintor sólo gracias a su legendaria contextura–su Dueña, la que no bien arribada, tuvo el despropósito de echar el guante a las pocas, aunque hermosísimas y fragantes rosas, jazmines, hiedras y otras florerías que encontró, dejando en pelambreras al de por sí poco provisto jardín de El Sarnoso..

De las consuetudinarias inclinaciones de estos bribones habíase aprovechado una vez, de infame manera, El Sarnoso, para llamarlos "manga de huachucheros". Ocurrió aquello durante uno de sus arrebatos de furia, conocidos como Sarnosazos–que siendo una desgracia suya, suelen ser merecidos por sus destinatarios–hostigado por una de las fieras disputas que cotidianamente debe librar con su bella enemiga, la de Cádiz. La reacción de la reputada Adelaida en defensa de sus secuaces fue tan salvaje, que todavía hoy se estremece la comarca, quedando en aquella ocasión por cierto que la tal Adelaida no era otra que Carmen "La Gitana", apodada también "La Brava". Se cuenta que desde entonces el de la Sarna trata con especial deferencia y respeto a estos malandrines, admirándose aún de cuanto cariño en su corazón puede rebasar la ternura y bondad de estos tarambanas.

Danzaban en torno al palafrén de Adelaida sus damas de compañía, Carmen, "La Bailarina", Berta, "La Bella" y Sonia, "La Salvaje". La belleza de estas damas otrora hizo fama, así como la agudeza de sus genios, los que han acentuado, con el correr de los años. Echose de menos entre las damas que a la de Cádiz acompañan, a Raquel de Cumpeo, para quién El Sarnoso, en especialísima distinción, había con sus manos recogido esa mañana, una delicada y dura rosa de piedra.

En otro palafrén, de gran elegancia, flotando entre velos y dulces melodías, seguía al de Carmen Adelaida, formando parte de su Corte, el famoso Emir Sada. Este noble Moro– famoso por su gran generosidad, la que hace extensiva a su propia panza al momento de darle de comer y de beber–hacíase acompañar de su esposa, de belleza incomparable y la más preciosa, si ello fuese posible, de sus princesas, Catalina, "La Molestosa", novia de Ger de La Michita. El encanto, belleza y lozanía de La Molestosa era tal, que rivalizaba incluso con la mismísima Infanta Ximena de la Sarna.

Oculto entre los faldones del Moro, venía Ugartín, "El Lenguaraz", logrando de esa forma miserable por fin colarse a las fiestas de El Sarnoso, a las que ciertamente nunca fue ni será invitado. Para remate de su felonía, El Ugartín aquel ofrendó a El Sarnoso una jaba de vino a su turno regalado, el que por añadidura venía picado.

Sólo un caballero integraba la partida de Carmen, La Gitana, el reputado–no siempre para bienes– Caballero Negro, quién oculto tras un enorme yelmo blanco destacaba la justeza de su apodo y hacíase acompañar por su dignísima señora, Doña Patricia, discretísima dama cuya inteligencia y sabiduría ilumina su fama.

Todos los poco discretos integrantes de la partida de Carmen venían, sin embargo, cargados de finísimos y muy valiosos presentes para El Sarnoso. Tal generosidad deja por justa la fama que tan impresentable tropa posee, de cultivar como pocos el ingenio, la bondad y la compasión, virtudes que, juntas, deben ser siempre las más preciadas por los valientes, aunque no anden éstos de caballería.

 

(Nota del Cabo 2º Ugalde: Después de estas líneas vienen otras, ilegibles, manchadas con vino, que fueron remitidas para ser descifradas por especialistas de Carabineros de Valparaíso).